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Regina A. Salinger

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MensajeAutor
MensajeTema: Regina A. Salinger Sáb Jul 09, 2011 3:45 am


Regina Audrey Salinger



información básica.

NOMBRE COMPLETO
Regina Audrey Salinger

APODOS
¿Me ves con cara de tener apodos? (Regi, Gina y demás para su familia)

EDAD
17

CASA Y CURSO
Ravenclaw, Séptimo

OCUPACIÓN
Estudiante de Hogwarts

ORIENTACIÓN SEXUAL
Bisexual

VARITA
Madera de cerezo, 22 cm de longitud, núcleo de fibra de corazón de dragón.


información física & psicológica.

PERSONALIDAD
Regina es directa, racional, implacable. Regina es decidida. A la joven Salinger se la puede describir con muchas, con infinitas palabras, desde cientos de puntos de vista, y probablemente ninguno se adaptaría completamente a ella. Regina es cambiante, eléctrica. Se adapta a la situación, se transforma para conseguir el mejor resultado en cada instante. No le gusta restringirse en prácticamente ningún ámbito, ya que todas las limitaciones la hacen perder nuevas oportunidades de mejorar y superarse. No suele mentirse a sí misma y no suele mentirles a los demás. No por algún código de moral que la ate a ser amable con los demás, sino simplemente porque cree que es lo que se debe hacer. Dice lo que piensa de cada persona justo en el momento en que lo piensa. Y lo cierto es que no siente demasiados remordimientos cuando lo hace. Piensa firmemente que cada uno debe lidiar con lo que le ha tocado, así que no carga con culpabilidades por hacerle ver a la gente lo que realmente es.

Por su parte, se trata de una chica tranquila y pacífica, que buscará siempre la vía diplomática para resolver los conflictos. Y si, por la razón que sea, ese camino no funciona, entonces no dudará en hacer uso de otras armas más eficaces. Ni siquiera le importa de la que se trate, porque realmente le gusta ganar. Algunos lo llaman defectos, otros virtud. Simplemente detesta perder. Ya sea en una competición, un deporte, un juego o una discusión. Luchará hasta el final por una victoria limpia e indiscutible. Pero no usará las trampas para ganar. Prefiere perder habiéndolo intentado con todas sus fuerzas a ganar gracias a algo que no son sus méritos.

Es un tanto seria, no lo discute. Le cuesta reír con ganas y sonreír con verdadera alegría. Y dado que odia la falsedad, prefiere simplemente guardar esos gestos para cuando realmente lo merezcan. Ni quiere ni puede mostrar un gesto así por algo que no la inspira realmente; y desde que murió su hermano no consigue encontrar motivos para sentirse feliz de verdad. Aún así, aprecia a las personas que pueden mostrarse risueñas y divertidas la mayor parte del tiempo, aquellas que no fingen alegría, sino que la sienten de verdad aunque sea por las cosas más pequeñas. Siente que le gustaría estar cerca de la gente así.

Le resulta complicado adquirir confianza con la gente por esta misma razón. No cree que pueda llegar a fiarse de las personas, teme que puedan traicionarla. No le cuesta demasiado, de todos modos, discernir a las buenas de las malas personas. Tiene una habilidad especial para diferenciarlas con suma facilidad. Tiende a clasificar a las personas, a veces errónea e injustamente. Le da demasiada importancia a las primeras impresiones y es difícil hacerla cambiar de opinión. Suele poner apodos a las personas que le caen mal, pero a las que le caen realmente mal ni siquiera se esfuerza por recordar sus nombres.

Puede llegar a ser muy molesta si se encuentra en el bando contrario, pero por lo general no suele posicionarse. Es neutral en todo momento, ya que pocas veces se consigue convencerla completamente para que se decante por uno u otro lado. Siempre habrá algún fallo que la haga retornar a esa característica neutralidad. Tiene espíritu de juez, pero no de abogado: Ni defiende ni acusa; se limita a observar y decidir.

No obstante, ningún observador cuidadoso debería dejarse influenciar por esta apariencia. Esa no es la única Regina; sólo la que aparece más frecuentemente. Existe otra, casi contraria a la primera, que sólo aparece cuando se encuentra rodeada de su familia. Una Regina amable y cariñosa, que adora los abrazos y los juegos de niños. Que está dispuesta a hacer el ridículo por hacer sonreír a sus hermanos y por los que podría hacer cualquier cosa. Y hay que subrayar esas palabras porque así es, sería capaz de cualquier cosa. Hasta de aliarse con uno u otro bando con tal de asegurar su protección y bienestar. No se rige por la moral, pues lo único que le importa realmente es esa familia que, aunque adoptiva, le ha dado todo lo que tiene.

Cabe añadir también que se trata de una joven muy agradecida. Retornará cada favor sin importar lo que deba hacer para conseguirlo, incluso aunque el esfuerzo que deba invertir sea mayor. Cuesta hacerse con su amistad, pero una vez conseguida es eterna; y entonces, en caso de agresión a dicha persona, no hay neutralidad que valga. La venganza, tarde o temprano, acabará llegando al causante de la agresión, de eso no debe caberle ninguna duda.



ASPECTO FÍSICO
Lo que más destaca de la joven Salinger es, sin duda, su cabellera pelirroja. Leves ondas, no muy largas, de espeso cabello pelirrojo, brillante y llamativo, que enmarcan suavemente un rostro de porcelana. Y es que nada osa interrumpir el marfileño rostro de Regina. Ni las pecas, ni las manchas. Ni una estría. Ni siquiera el sonrojo acude atrevido a sus mejillas pálidas. Sólo sus ojos, de un azul profundo e inescrutable, claro como las aguas calmas, y rodeados de largas y espesas pestañas le dan un toque de color a su rostro. Muchos dicen que son precisamente esos ojos azulados los que atraen la atención de la gente, lo que les empuja a no rechistar cuando la chica los clava fijamente en los de su interlocutor. Y probablemente no se equivoquen, porque lo cierto es que Regina no se limita a mirar. Ella mide, escruta, calcula. Analiza los rostros de los demás hasta desentrañar el misterio que había ido a buscar y no retira la mirada más que cuando se ha visto saciada.

Su cuerpo, por otro lado, podría resultar seductor y llamativo si no fuera por lo poco que le gusta mostrarlo. Se empeña en cubrir los atributos que la genética le ha concedido generosamente; que aunque no sobrepasan la media, sí son agradables a la vista. Su misma presencia revela, por otro lado, un carácter fuerte y decidido. Una simple mirada basta para descubrir en sus rasgos y su lenguaje corporal que no es una niña cualquiera, titubeante y débil. Quizás no cuente con fuerza física ni con una gran altura, pero eso no la condiciona a la hora de defenderse y enfrentar los problemas. No obstante, su piel tiende a marcarse fácilmente: un ligero golpe basta para dejar en su cuerpo un moratón que tardará varios días en desaparecer del todo.

No suele maquillarse demasiado. Es discreta para esas cosas, pues considera que la verdadera belleza debe radicar en la propia persona, independientemente de su maquillaje o su ropa. No entiende a las chicas que se obcecan en crear una imagen de ellas mismas que no es real, que se basa en puros artificios. A Regina le gusta ser natural las 24 horas del día, sin pretender algo que no es. El hecho de estar conforme hasta cierto punto con su cuerpo y rostro también ayuda a mantener ese equilibrio.


BOGGART
Sus hermanos siendo torturados y asesinados.

OESED
Ella misma, poderosa e invencible.

PATRONUS

Dragón, un longhorn rumano.

DEMENTOR
La muerte de su hermano Alain.

GUSTOS
• La música
• Los felinos
• El ajedrez
• Quedarse en casa cuando llueve
• Bañarse/ducharse de noche

DISGUSTOS
• Las cursilerías, aunque no el romanticismo
• Los dramas exagerados
• El ruido y los sonidos fuertes
• Los desagradecidos, los que no saben valorar lo que tienen
• La insistencia
• La mentira, la traición

FORTALEZAS & HABILIDADES
• Posee una fuerte personalidad
• Responde bien en las situaciones de máxima tensión
• No le afecta prácticamente nada de lo que le digan
• No se desconcentra fácilmente
• Toca el violín desde que era muy pequeña
• Cocina realmente bien

DEBILIDADES
• Tiene poca fuerza física
• Sucumbe fácilmente a las peticiones de sus hermanos
• El Quidditch. No lo llega a entender y tampoco tiene demasiado interés en hacerlo.


historia & información fraternal.

PADRES
Johann & Elisa Salinger

HERMANOS
• Edgar Salinger, 22 años
• Holden Salinger, 13 años.
• Phoebe Salinger, 8 años.

ESTATUS DE SANGRE
Mestiza

NACIONALIDAD
Inglesa

HISTORIA
Regina Audrey Salinger nació un 16 de abril de 1927 en una de las casas más pobres de Londres. En medio de la podredumbre, la suciedad y el desorden, una mujer de intensa cabellera pelirroja se debatía sola con el dolor y la incomodidad para traer al mundo a la pequeña. Días más tarde, la niña fue dejada a las puertas de un orfanato cercano, al cuidado de las monjas que se ocupaban de él y de los niños abandonados que habían encontrado allí su hogar. Allí se crió Regina. Entre multitud de hijos de nadie, abandonados a su suerte en un mundo demasiado grande e injusto. La pobreza se cernía sobre las cabezas de los pequeños, y las enfermedades que se contagiaban de unos a otros hacían más difícil que llegaran a la edad adulta.

La pequeña, sin embargo, consiguió destacar entre todos aquellos niños. Pronto se descubrió como una niña firme en sus creencias, trabajadora y valiente. Nunca se dejó aplacar por los niños mayores, ni se dejó influenciar por los demás. Mucho tuvo que luchar Regina para mantenerse sana y salva en un ambiente donde reinaba el más fuerte; y ese resultaba no ser ella. Al menos físicamente. Jamás pudo ganar una pelea con puñetazos y patadas, pero sí con el don de la palabra. Con una voluntad férrea y una inteligencia superior a la media.

Sin embargo, cuando la niña apenas contaba con 6 años ocurrió un incidente difícil de explicar. Regina sólo recuerda la ira. Una ira voraz y arrasadora que le recorrió desde la punta de los dedos de los pies hasta la raíz del pelo y que llegó como un veneno cuando recibió una fuerte bofetada de parte de un niño algo mayor que ella. Ni siquiera se acuerda ya de lo que impulsó ese golpe, sólo de que en ese instante deseó tener una fuerza capaz de derribar a aquel niño y hacer que se arrepintiera por aquella acción injusta.

Y, de alguna forma, esa fuerza que deseó llegó en el momento justo y cumplió su deseo. Antes de darse cuenta el niño estaba tumbado en el suelo, llevándose las manos a la frente, a una brecha que se había abierto allí de forma inexplicable. A su lado, una piedra de dimensiones considerables que parecía ser la causa de la herida. Regina no pudo explicar entonces qué había pasado, sólo consiguió decir que la roca se había movido sola. Nadie la creyó, desde luego, y pasó varios días castigada por algo que no creía culpa suya. ¿Cómo había podido ser ella la responsable si no se había movido? ¿Podía tener algo que ver aquella fuerza que había sentido recorriendo su cuerpo? Días más tarde, sólo el recuerdo quedaba de aquella extraña experiencia, pero Regina nunca dejó de pensar en ello casi como una ayuda divina que quizás volviera a repetirse.

Poco después de aquello, el turno le llegó a la pequeña de recibir un hogar más confortable. El matrimonio Salinger sólo necesitó un breve vistazo para decidir que aquella niña de alborotado pelo pelirrojo y personalidad decidida era la indicada para ser su hija adoptiva. Otro pequeño, Edgar, se sumó, aunque con ciertas reticencias, al recibimiento de la niña. El cambio en su vida fue notable. No tenía que compartir habitación, ni luchar por la comida o los escasos juguetes. No debía pelear por sus cosas. Por el contrario, aprendió a compartirlas, a relajarse en presencia de los demás y a ser educada. Los Salinger la enseñaron con paciencia y cariño, todo aquello que no había recibido los años anteriores, y eso fue lo único que necesitó Regina para prometerles un agradecimiento eterno.

Tiempo más tarde llegaron los otros hermanos, también adoptados. Alain y Holden, unos niños traviesos y juguetones que apenas se llevaban un par de años de diferencia y que se ocuparon de revolucionar la casa por completo. Regina y Edgar, los mayores, se encargaban de controlarles y protegerles. No obstante, algo escapó al control de los dos hermanos. Un día, sin previo aviso, Alain cayó enfermo. Padecía de fiebres altas y escalofríos sin que hubiese una razón aparente y se encontraba constantemente cansado. Apenas pasaron unos días antes de que el joven Salinger tuviera que convertir su habitación en un refugio, la cama como lugar central de su vida.

Más tarde llegó la sangre. La primera vez que le ocurrió, Regina puede recordarlo perfectamente, se encontraban hablando de deportes. Reían cómodamente y charlaban hasta que la nariz y las encías de Alain empezaron a sangrar mientras hablaba. La chica, sentada a su lado en la cama, se sintió palidecer al ver aquellas gruesas gotas carmesíes manchando el pijama de su hermano. Poco a poco, aquella escena se fue haciendo más y más común. Hemorragias para las que tampoco había explicación, y que manchaban constantemente las sábanas del pequeño y provocaban el miedo y la tensión en la familia.

La situación de Alain empeoró con el tiempo, sumándose a los síntomas anteriores el dolor en las articulaciones y una palidez anormal. Los Salinger veían como poco a poco el pequeño se apagaba sin que pudiesen encontrar una solución, ni siquiera una explicación para su estado. Regina, así como los otros hermanos, jamás se separaron de su cama ni dejaron de intentar animarle. De algún modo, mantenían la esperanza de que pronto el joven volvería a la normalidad, que jugaría con ellos del mismo modo que solía antes de caer enfermo. La chica, en su interior, rogó para que aquella fuerza que le había ayudado años atrás, ahora salvara a su hermano. Suplicó con todas sus ganas porque esa energía volviera a sus manos y le prestara sólo un poco de ayuda.

Pero nada de eso ocurrió.

Algún tiempo después, Alain murió entre aquellas sábanas que se habían convertido en su prisión. El golpe para los Salinger fue duro, aunque no inesperado. Pocos conservaban aún la esperanza de que el pequeño se recuperara; sin embargo, para los hijos adoptivos de Johann y Elisa, el impacto fue brutal. Regina sintió que había perdido la piel de niña en un solo instante; en el mismo segundo en que vio a Alain tendido en aquel pequeño ataúd. Se convirtió en una imagen que jamás pudo olvidar.
Ese mismo año llegó a las manos de la niña una carta extraña. En ella le explicaban, a grandes rasgos, que se trataba nada más y nada menos que de una bruja. La primera reacción de la niña fue destrozar la misiva en un montón de pedazos y lanzarlos llena de rabia a la chimenea. Estaba furiosa. ¿Magia? ¿A aquella fuerza que no la había ayudado cuando más lo necesitaba lo llamaban mágia? ¿No se suponía que la magia estaba para hacer cosas que los demás no podían, que era utilizada para ayudar a los demás? Bien, pues ella no quería saber nada de ella.

No obstante, después de aquella carta, llegaron otras. Unas pocas cada día, que Regina se ocupaba de destruir sin excepción. Pero, oh, sí hubo una excepción. Una excepción que llegó a manos de sus padres. Ellos calmaron a la niña y trataron de hacerla entrar en razón. La magia no tenía por qué ser mala. Aún así, Regina necesitaba una confirmación, algo que le demostrara que realmente se podía hacer un buen uso de ella.

Su primera visita al mundo mágico la dejó completamente fascinada. Jamás pudo soñar con algo parecido, tan diferente a lo que había visto hasta el momento. Le resultó casi un sueño y ya le fue imposible negarse de nuevo la entrada a ese mundo, así que la decisión de entrar en Hogwarts llegó rápidamente. Actualmente sigue con sus estudios en esa escuela, y recientemente ha descubierto ciertas dotes para la magia en su hermana pequeña, Phoebe, llegada a la familia apenas un par de años atrás.


POSESIONES
• Su violín
• Un gato anaranjado de nombre Rachmaninov.
• Un guardapelo sencillo y discreto. Lo que guarda en su interior sólo ella lo sabe.

OTROS

• Es bastante estricta con la limpieza.
• Por alguna extraña razón, le divierte llevar calcetines de diferente color, pero eso es algo que sólo sus hermanos saben.
• Lleva gafas para leer, escribir y, en fin, toda actividad que requiera cualquier esfuerzo de la vista.
Regina A. Salinger

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MensajeTema: Re: Regina A. Salinger Sáb Jul 09, 2011 9:12 am

Bienvenida, paso a darte color y rango.

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Regina A. Salinger

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